Comentarios de Jocasta Versión en PDF Versión en Word

De Kea Langrey...

Crónicas de un corazón destrozado

I - DÍAS DE LLUVIA

Mi habitación es iluminada por un par de segundos. Los necesarios para mirar como mi mano se aferra con fuerza a la sabana azul de mi cama. Regularmente me gustan los días de lluvia. Pero por ahora, no son lo mejor para mi estado de animo. La luz se va tan repentinamente como llegó, y solo escucho el fuerte sonido que atraviesa como un grito angustiado al cielo.

Mis ojos se cierran con fuerza e incluso duelen. Mi respiración es pausada y solo siento los pequeños temblores que da mi cuerpo cuando los sollozos nuevamente hacen presa de mí.

Escuchó mis lamentos y ruego por alguien que me envuelva en un cálido abrazo protector. Pero sé que este nunca llegará. Será como las otras noches, en el que el dolor me consumirá hasta que el cansancio se apodere de mí y me envuelva en su manto... en una efímera tranquilidad.

Y como todas estas noches, desde hace un par de días, el sonido de las gotas de lluvia golpeando mi ventana serán las únicas que acompañen mis lamentos de dolor. Tal como si el cielo sintiera mi propia pena.

No hay luz de luna que intente alegrarme... solo la oscuridad de la noche me acompaña y trata de lavar mis penas... llorando conmigo.

El sol no sabe... o pretende que el sufrimiento que consume lentamente mi alma no existe. ¿Por qué habría de serlo si mi sonrisa ilumina mi rostro? Quizá ese es el precio a pagar por mostrarme siempre así. Feliz.

Aun cuando no lo sea.

Siento como las fuertes punzadas que agobian a mi cabeza, desaparecen despacio, dando paso a la oscura bruma del mundo de los sueños. Sueños que jamás espere tener. Momentos en los que las sombras se apoderan de mí y me torturan. Haciéndome despertar, obligándome a sentarme en la cama, y a buscar inconscientemente el calor de tu cuerpo.

Que después de varios segundos de tantear en la oscuridad la verdad dolorosa de que no te encontraré me sacude. Forzándome una vez más a llevar mis manos a mi rostro, tragándome las insaciables ganas de derramar en lágrimas amargas mi dolor.

Y no puedo evitar, que mi mente me recrimine. Echándome en cara los errores que cometí. La forma tan estúpida en la que te aparte de mi. Porque, con sinceridad... todo fue mi error.

Me levanto de forma mecánica ya. Buscando en el cajón junto al buró de mi cama, aquel frasco de plástico blanco con una espantosa tapa de seguridad, aquella que he aprendido a abrir, demasiadas veces ya buscando el alivio pasajero que me da el contenido. Pequeñas y blancas pastillas que acallan aquellas voces martirizantes que me enloquecen de a poco.

Suspiro. El cansancio me agobia. Solo la frágil esperanza de que el teléfono suene, dejándome escuchar tu voz. Diciéndome que el tiempo ha sido suficiente y que tú al igual que yo... no puedes vivir sin mí, me tranquiliza.

Pero sé que eso no es cierto. Tú eres fuerte, siempre lo has sido y a pesar de todo el amor que dices tener por mí, si yo no estoy, saldrás adelante. Pero yo soy distinto. Lo sabes tú. Lo sé yo. Tan solo mi patético estado lo demuestra ahora. Y fingir que nada me agobia y que mi vida sigue como si nada, es solo una más de las cadenas que se enredan en mi, hundiéndome rápidamente en la desesperación.

Este dolor es mío. Yo lo cause... solo yo debo sufrirlo. No quiero que me odies... te hice daño con mis estúpidos e infantiles miedos. Tú siempre me amaste... y yo solo reclame por mis inseguridades.

Supongo, después de todo, que es verdad que yo no sé amar. Mi corazón no está hecho para brindar amor. Y al no saber darlo... tampoco sabe como recibirlo. Eso es tal vez una dura condena, para alguien que siempre a buscado alguien que le de un abrazo confortante y le brinde quedas palabras de amor.

Un nudo se forma en mi garganta y una risa macabra resuena en mi habitación. No es que la situación me parezca risible. La verdad es que prefiero ese sonido macabro al desgarrante lamento de mis gimoteos. Estoy tan cansado ya de ver como mis ojos se inflaman de a poco, de cómo mi nariz y mejillas enrojecen y de cómo mi voz traicionera, se quiebra en momentos inesperados.

Es cuando me pregunto, si debería de hacer lo que otras tantas veces he hecho para eliminar el dolor. Buscar alguien que, sin compromiso alguno, me haga olvidar todas aquellas penas que me agobian.

Pero no... prometí esperar. Aun cuando tenga que ser toda la vida. Aun y si mi corazón muere cada vez que el repiqueteo del teléfono cesa para mostrarme que mis ansias porque fueses tú han sido solo infundadas. Y tenga que fingir una vez más que nada pasa conmigo.

Son pocos días los que han pasado, pero siento que cada uno de ellos es una eternidad regocijada en ver como me consume el sufrimiento...

No estoy solo. Pero nadie es conciente de la forma apresurada en que mi corazón muere a cada segundo que pasa. Y estoy asustado, temo convertirme en aquello que era antes... alguien sin corazón ni sentimientos... alguien que a pesar de tener una sonrisa reconfortante o suaves palabras de aliento, en realidad no sabía lo que era el amor.

Lo sentí... por pequeños y fugaces instantes me sentí un ser completo a tu lado y ahora, simplemente no puedo vivir sin ti.

Solo me queda esperar, llorando en la oscuridad. Después de todo... no estoy tan solo. Aún las gotas de lluvia me hacen compañía.

II - BROKEN

Escuche el sonido de mi voz… tan monótona y distante… ni siquiera el lastimero reflejo de la alegría que solía mostrar cuando yo hablaba… ni siquiera el fuerte tono que me caracterizaba. Había quedado reducido a una mera ilusión… estaba condenado a vagar por siempre siendo la mitad de lo que había sido.

Sé que dije que esperaría por siempre de ser necesario, pero con dolorosa aceptación, me di cuenta que si continuaba así, el dolor terminaría consumiéndome. Ya eran suficientes las pesadillas, ahora despertar debido a la humedad que mojaba mis almohadas se había convertido en una tortura más.

Cansado ya de llorar mientras estaba despierto y mis pobres ojos que se ahogaban por mi negativa de permitir que ese líquido brotara de ellos, cansados ya, me obligaban durante mi inconsciencia a liberar toda aquella agobiante sensación sin que yo pudiera permitirlo.

Con dedos temblorosos cogí el auricular del teléfono y conteniendo la respiración… armándome de un valor inexistente marque aquella serie de números. Esperando pacientemente a que respondieras el llamado que seguramente te importunó.

Una punzada en mi corazón, tan dolorosa y asfixiante fue el escuchar tu voz tranquila y hasta se podría decir que alegre contestar la llamada. Tragando el doloroso nudo que se formó en mi garganta, te salude, para después decirte que necesitaba hablar contigo de algo importante.

Escuchar un quedo suspiro de tu parte no me emocionó, al contrario, solo hizo que aquella opresión en mi pecho creciera y cada palabra que salía de mis labios fue más difícil de dejar salir que si en ese momento me hubiese tenido que enfrentar al más fuerte de mis enemigos.

Yo no podía permitir que el dolor continuara, arrebatándome a cada segundo una parte más de mí. Convirtiéndome en solo una sombra que terminaba de morir en la oscuridad. Fue por eso… que aquellas palabras terminaron de salir de mis labios… y esperar una contestación tuya, fue peor que si estuviese por escuchar mi condena a muerte. El silencio fue tan doloroso que la esperanza de que volvieras a mi lado, terminó por morir.

Tus palabras fueron sinceras y eso fue lo que más agradecí… al menos no me engañabas, aunque la cruel verdad… es que jamás me amaste como yo a ti…

Quizá yo lo entienda mal… pero ¿qué puedo decirle a mi corazón que ahora yace hecho añicos dentro de mi pecho?

Ya ni siquiera te escucho cuando me dices que no quisieras alejarte de mi… que a pesar de todo me quieres… ¿por qué me niego a creerte?... oh si… mi corazón que era por completo tuyo ahora esta destrozado… ya no queda nada en él.

Al no tener contestación por mi parte, musitas que entenderás si yo no quiero verte de nuevo… perfecto… creo que aquí el único inmaduro es mi corazón. Se niega a creer que ahora yace muerto y abandonado. Como un alma que se aferra a la vida cuando ya no hay un cuerpo al cual volver.

Te digo adiós… dejó caer el pequeño aparato negro y me dejo caer hacía adelante, abrazando mis piernas. No me importa que impidan mi visión… las lagrimas hace mucho que se encargan de eso.

Supongo que el amor después de todo no era para mí.

Levanto mi cuerpo, aspiro con fuerza y restriego mis ojos. Camino hasta la ventana y miró como nuevamente empieza a llover. Siento mis dedos fríos y sé que ya nada los calentará… ni siquiera la insulsa ilusión de que llegaras a envolverme entre tus brazos y musitar a mi oído cuanto me amas.

Me río ante la ironía de la vida… quiero creer que no siempre lloverá… que estas gotas que continúan congelando mi alma no serán eternas y que tarde o temprano mi corazón volverá a sentir aunque sea un poco de calidez.

Pero sé que me engaño.

Solo espero que nada atormente mi sueño… que no despierte por la fría humedad de mi cama… ni que aquellas voces hagan estragos en mi cabeza.

Soy fuerte… y lo lograré.

Después de todo… ya no tengo corazón.

III - NO TITLED

Aquí estoy, nuevamente torturándome a mí mismo. Esperando que el dolor termine por irse, que al escuchar que alguien habla de ti, o mirar alguna cosa que me recuerde a ti la opresión que sienta en el pecho desaparezca. Pero sé que pido mucho. Los días envidiosos de aquello que sentía por ti, pasan ahora más lentos, queriendo que cada punzada que martiriza mi corazón se sienta cada vez más dolorosa.

Antes se iban tan rápido, empeñados en que el día no me alcanzara para demostrarte lo mucho que te amo, pero ahora, pasan tan lentos, torturándome... riéndose de mí.

Sé que tarde o temprano, toda la pena se irá y sin embargo, pareciera que por más que intento olvidarte, cada momento pienso más en ti. Me pregunto si tú lo haces. ¿Piensas en mí? Supongo que no. Lo que me lleva a pensar que quizá, tal vez, tampoco llegaste a amarme como asegurabas.

Y duele. Como no tienes idea. Aparentar que nada está consumiéndome por dentro, sonreírle a la vida como se supone siempre debo de hacer. Es una pena en verdad la forma tan profunda en que te metiste en mi alma y corazón. Fuiste adentrándote hasta volverte uno conmigo, y con la simpleza con la que el viento mece las hojas de los árboles, de la misma forma te marchaste, dejando un hueco, llevándote una parte de mí.

No es sencillo, seguir adelante. Tener que soportar, fingir ante el mundo que tu partida nada me importa ya, pero la verdad, es que a cada segundo que pasa anhelo más tu compañía.

Quisiera llamarte... buscarte... decirte que me haces tanta falta... gritar al mundo que aún te amo... que te extraño... y que daría lo que fuera por estar nuevamente contigo.

Pero sé que eso es imposible.

¿Cuándo dejaste de amarme? ¿Qué momento traicionero te arrebató de mi lado? Si, sé que fue mi culpa y sin embargo es tan sencillo culpar a aquel instante en que pronunciaste aquellas palabras que ensombrecieron mi mundo.

Fue tan fácil engañarme ¿no es cierto? Pronunciar suaves palabras de amor que terminaron engañándome, convenciéndome de una mentira que me destruyó.

Cruel ironía de la vida, que en lugar de odiarte... de maldecirte por cada pedazo en que se rompió mi corazón, aún yo te ame. Si. Tonto de mí que aún uno de esos pedazos guarda la esperanza de que todo esto haya sido un error y espera paciente tu regreso.

Pero yo sé que se engaña. Tú despediste tu cariño por mí hace tiempo y ya no queda nada.

Simplemente estoy deshecho.

Supongo que solo me queda desearte, que seas feliz. Qué encuentras a alguien que te ame como yo lo hago, y que tú le ames de vuelta. Y aunque eso termine por matar lo poco que queda de mí. En cierta forma me sentiré feliz, de que alguien pueda darte lo que yo nunca te di.

También agradecerte, pues por fugaces momentos fui la persona más feliz sobre la tierra y todo gracias a ti, a tus hermosas palabras... a tus dulces sonrisas... a tus reconfortantes abrazos.

Todavía, al anochecer, mientras escucho mi queda respiración, puedo sentir tus brazos, envolviéndome en un cálido abrazo, y sonrío cuando siento la cercanía de tus labios sobre los míos, que se entreabren ligeramente para permitir que una vez más me robes el aliento.

Es cuando una lágrima solitaria corre por mi mejilla, y mis ojos se niegan a abrirse, sabiendo que no estarás ahí, que son mis propios brazos los que me abrazan, tratando de darme un poco de confort. Suspiro, doliéndome cada molécula de aire que abandona mi cuerpo.

Solo me queda esperar el momento, en que tu recuerdo ya no me duela, en que cada vez que vuelvas a mi memoria sea una sonrisa la que se dibuje en mi rostro. Pues fuiste algo maravilloso en mi vida.

Hubiese querido que durase más... y soy ambicioso al desear que fuese toda la vida.

Pero no siempre tenemos lo que deseamos... solo lo que merecemos.

Supongo que yo merecía tu partida.

Y solo me queda, seguir con mi vida.

Ir arriba