De Eos de Solaris...
Sólo veía la oscuridad de mis parpados cerrados, y oía el intermitente sonido de una gota cayendo en la piedra fría; las filosas rocas me laceraban la espalda dolorida ¿Dónde estoy? Es difícil saberlo y aun más tomarle importancia ¿Por qué estoy aquí? Las razones a mí siempre me sobran aunque el imperativo es perpetuamente una cabellera larga y deliciosa de tono índigo.
Siento deseos de toser, el aire huele a sal y me irrita demasiado las vías respiratorias; me remuevo trabajosamente en un irreal esfuerzo por despertar, aunque al mismo tiempo no desee hacerlo; no deseo recordar los motivos que me traen aquí, me da miedo, un miedo asesino de descubrir que es por él, nuevamente.
Una ola da en mi rostro dejándome una sensación de picor desagradable, la marea está subiendo, debe estar atardeciendo pues una luz naranja se cuela sobre mis ojos turquesas obligándome a mostrarlos a regañadientes.
—Al fin despiertas. —un resplandor verde esmeralda me sobresaltó; contrastando con la tranquilidad que la grave voz me produjo, en esta penumbra es extraño encontrarme con este ángel de rizados cabellos castaños.
—A… io… ria. —emití apenas con un gemido ronco; la boca me sabía a desagüe y sentí que mi aliento cadavérico pudo haber destrozado la escasa vegetación adyacente. Sé que sólo los espectros pueden tener efectos similares, pero yo en estos momentos no estoy lejos de ser el despojo de uno de ellos.
—Vamos levántate, no deseo llevarte a rastras. —me dijo y pude ver en el crepúsculo su sonrisa amplia y blanca que contrastaba con su mirada dolida y llena de tristeza. Me partes el corazón sin siquiera pretenderlo.
No puedo jurarte que esta sea la última vez que te lastime, pero sin lugar a dudas me gustaría prometerte que ya no volverás a sufrir por causa mía, aunque sé que mi estupidez sin límites nos granjeará aun mil sinsabores.
—Lo siento. —respondí sinceramente avergonzado de los actos realizados, narcotizado como estaba con mi propio dolor, embebido en mi absoluta miseria, sin embargo sé que no poseo justificación válida, porque aunque duela la verdad es que ya no soy ningún crío, yo hace mucho que he perdido esa inocencia que a veces me parece distinguir en tus ojos de señor solar.
—Estas cansado, vamos arriba Milo, es hora que vayas y lo enfrentes. —declaró como siempre afable y bondadoso buscando mi felicidad aun a costa de sí mismo… cuánto desearía poder corresponderte, a ti, que más que mi amigo eres mi hermano.
—Estoy agotado, si le busco esta vez… me matará. —emití apenas mientras recibía su mano que generosa me ayudaba a incorporarme.
—No que no lo merezcas, pero no lo creo... es tan absolutamente obstinado…—su risa clara y transparente como todo él se apagó mientras su rostro se hundía en la melancolía.
—Lo lamento tanto. —no pude evitar abrazarme a su cuerpo cálido y perfecto, deseando cubrirme con su tersa piel esta noche… estoy tan herido que creo que podría morir de abatimiento.
Mas él me recibió con amabilidad mientras me palmeaba la espalda, deseándome ánimo con este acto, pero nada más, te sientes lejos… amigo.
—Yo no, mejor así, antes de lastimarnos más mutuamente. —sonrió ante mis lágrimas; el camino a partir de ahí fue silencioso… pues no necesitábamos de estorbosas palabras para saber lo que sentíamos, aun así a veces creo que sus insultos me reconfortarían más en estas ocasiones… tal seriedad no le sienta bien a su moreno rostro.
Nunca antes deseé que las distancias entre un punto y otro se alejaran tanto que el infinito tiempo no me alcanzase para recorrerlas; jamás ambicioné con tal intensidad que tu mano se mantuviese firme envolviendo la mía, en mi vida pensé que este momento llegaría; instante en el cual yo mismo habría de entregarte a otro por tu propio bien… porque te amo y no podría ser de otra manera.
Siempre me pregunté por qué te comportabas así, como inconsciente, siempre supuse que era porque en el fondo, en realidad, no te importaba, pero veo que me he equivocado porque ahí donde yo vi un corazón curtido por las guerras se escondía el tibio palpitar del frágil corazón de un muchacho confuso; a ti te pertenece… Acuario, puesto que mi tiempo a su lado ha pasado junto a nuestras mocedades.
No quise decir nada que arruinase el momento y pacientemente esperé a subieses a tu templo, a que te esfumaras en el paso de Virgo para que mis ojos no me dolieran al ver como te alejabas de mi vida para siempre… ¿Qué puedo decir? Tú siempre has sido… lo más importante.
Pasó poco tiempo y pude sentir un terrible frío corriendo por mi cuerpo… al parecer tu encuentro con Acuario no ha tardado mucho, solo tú, Milo de Escorpio, habrías de ser capaz de destemplar al mismísimo señor de los Hielos Eternos.
Aunque mis ojos insistan en derramar lágrimas de tristeza, aunque mi alma insista en desmoronarse y esparcirse como polvo de estrellas, no te seguiré, no te detendré, no te llamaré con mi cosmos para que me consueles en un calido abrazo que sé que no durará más de una noche. Es esto lo que debí haber hecho hace mucho.
Para seguir adelante, para que continúes con tu vida.
¿No es acaso el llanto una situación hilarante? ¿No es acaso la más simple y humilde de las ofrendas, pero al mismo tiempo la más significativa? Te regalo mi corazón y mi orgullo con este silencioso y acto y sin embargo tú ni siquiera te enterarás de ello.
Adiós para siempre, Milo, que de un modo u otro estoy seguro que el día de hoy se te forja una nueva vida; me alegra haber sido parte de la vieja.
Aquí estás, tambaleándote, en esa patética postura que disminuye enormemente tu belleza de dios desterrado de los cielos, hasta hacerla parte de un pasado sombrío del cual no deseo rememorar nada.
Y sin embargo estas aquí ¡Descarado! Mayor rufián que tú, nunca mis ojos habían visto pero ¿A quién el importa? Si en tu malignidad de íncubo te he llamado y tú, obediente, has acudido ante mí, sin importarte lo pasado, como a mí en cierta medida tampoco me importa lo ocurrido… porque ha pasado y tu sigues aquí conmigo, a pesar de las tormentas.
Esta claro que no temes morir, esta claro que no te importa tu destino, te presentas ante mí deshecho, vulnerable, bien podría eliminarte si lo deseara, bien podría exterminar de lleno todo aquello que me aqueja y que se sintetiza en ti únicamente…
¿Por qué lo haces? ¿Es que acaso tras cada golpe recibido una parte de tu cordura pierde? ¿Es que acaso deseas morir, tan irresistible te ha parecido toda esta charada que has decidido dar todo por terminando? Nunca te creí tan cobarde… nunca, y al pensarlo éste desgastado músculo central que tu llamas corazón se siente abrumado… y recapacitando me doy cuenta que tu respuesta es enteramente diferente.
No te miro al llegar, aunque mis ojos estén dirigidos hacia ti… la verdad es que no soy capaz de percibirte como cierto, eres otro de mis sueños de niño incauto que solo desea enamorarse, que solo desea rendir homenaje al objeto de una pasión ahora con nombre y apellido. Y me sorprendo porque tal estupidez no tiene precedentes…
Te amo, Milo, y no necesito decirlo para saberlo como cierto; aunque mi garganta se seque de tan sólo pensarlo, apenas me basta con mirarte ante mí, de rodillas para convencerme; no suplicas perdón como otras veces, esos tiempos han pasado; sólo lloras y no me ofreces aquello que no posees, tu vida entera, y es extraño pero a mí, Camus, me parece suficiente.
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio
O flecha de claveles que propagan el fuego:
Desee sonreírte al verte así, tan cerca, sin alejarme de ti, sin reclamarme nada, demasiado cansados estamos ya para pelear esta guerra que sabemos no ganará nadie, sino nuestros corazones que tercos insisten en buscarse ¿La razón? hasta ahora no lo habría sospechado…
… pero es tan simple que casi me provoca estallar en carcajadas de indómita alegría… de absoluto éxtasis.
Te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
Secretamente, entre la sombra y el alma.
Y te guío y me guías a ese campo de batalla donde ninguno de los dos puede declararse vencedor o vencido, ahí donde todo lo otro parece desvanecerse dejándonos como los únicos seres importantes sobre esta árida tierra muerta de deseos disolutos.
Es de noche, y es por eso que me parece comprensible el hecho de que tú me permitas la entrada a ese reforzado santuario donde se enclaustra tu corazón ya antes perdido.
Y sin embargo ninguna visión podría ser mas hermosa que la de tu cuerpo desnudo al lado mío, tal como debe ser, tal como estaba escrito en el más ideal de mis destinos; en el mas dulce de mis sueños.
Te amo como la planta que no florece y lleva
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,
Tu delicada boca entreabierta es, como siempre, la primera en remitir en la de antemano inútil resistencia que se cierne entre nosotros… en ese forcejeo eterno que siempre me brindas al sentirte culpable por adelantado de lo que haremos a continuación y sin embargo me parece que no podrías verte más hermoso, porque con cada día que me obsequias, tan celosamente, la luz de tus preciosas gemas, me doy cuenta que si la perfección existe es porque sin duda tu la has recreado con cada uno de tus actos, excepto uno... pero ese es asunto de los hados por ponerme en tu camino.
Quiero que sepas que no deseo solo tu cuerpo, Acuario. Eres tu uno de los únicos en los cuales he vertido mi alma para obtener lo mismo a cambio… yo no soy generoso, bien lo sabes, y exijo el pago con la misma moneda, quizás en tu caso sea más alta, pero no regreso cambio, jamás lo he hecho y no empezaré ahora…
Y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo
el apretado aroma que ascendió de la tierra.
… deseo llenarme de ti como si fuese yo el ánfora de tu signo, deseo ser parte de ti como la más perfecta amalgama jamás creada, convertirme en exótica quimera si es preciso para resguardar tu esencia bendita y maldita de este mundo cruel al cual represento… deseo… deseo tantas cosas; pero ante todo… “Un tu y yo” eterno.
Te amo sin saber cómo, ni cuando, ni de donde,
Te amo directamente sin problemas ni orgullo:
Así te amo porque no sé amar de otra manera.
No sé si fue la primera vez y no me importa, no sé como fue y no lo sabré nunca y sin embargo consciente como estoy de que es un comienzo; no estoy dispuesto a darme por vencido; que sea tu pelo mi mayor regocijo, que sea tu piel mi único abrigo, que tu olor sea el último perfume que capte mi nariz y que mis ojos no vean mas color que el de tu ojos de zafiro…
Es verdad, lo reconozco, por trillado que pueda sonar no deseo nada más que a ti y sabes porque… ¿no es cierto?... si no es así es que te he contagiado mi torpeza… porque de eso se ha tratado todo el tiempo; de este sueño de amor correspondido…
Sino así este modo en que no soy ni eres,
Tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
Tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño. (*)
… te amo Camus de Acuario, te amo de todas las maneras que he conocido y de todos los modos que conoceré así lo haré, aún si con la mañana que viene tú decides echarme de tu lado en la difícil rutina en que se ha convertido nuestra vida.
Duermes sereno, y tu cabeza sobre mi pecho sube y baja con el ritmo de mi respiración tranquila y tu indolencia me provoca una sonrisa, creo que nunca lo había visto tan claro; me amas… solo espero que ya no debas perdonarme.
(*) Soneto XVII Pablo Neruda.