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La última respuesta

 

¿Quién eres?
El más devoto a Atenea

Cerró los ojos. Poco importaba que sus párpados estuvieran velando sus pupilas o no; carecía de significado que su cuerpo no pudiera percibir el calor o el frío, los olores, los sabores y que sonido alguno fuera apreciado por su fino oído. Shaka le había castigado con el Tesoro del Cielo, arrancándole los sentidos, y sólo las cuerdas vocales habían aguantado tan terrible penitencia.

Se habían enfrentado al hombre más cercano a un dios y lo habían asesinado mediante una técnica prohibida. Era justo padecer la cólera de éste.

Era lo idóneo, lo apropiado. El habría reaccionado igual si tres caídos hubieran entrado en su templo.




¿Por qué luchas?
Por la Justicia

Estaba de nuevo en el mismo lugar, y de nuevo seguía al mismo hombre. Su armadura, tan negra como las montañas que le vieron nacer, Pirineos, refulgía al igual que las otras dos, revistiendo a los traidores. No existía rencor en su corazón. Tampoco duda. Ejecutaba con presteza lo que debía hacerse, con la devoción más absoluta. Si tenían que matar a todo el que entorpeciera su camino, lo harían. La Justicia no conoce la Piedad.
Y la Piedad, es el estandarte de los débiles.




¿Cuál es tu nombre?
Mi nombre... mi nombre... mi nombre...

Le quedaba poco tiempo. Junto con Acuario y Géminis, el obstáculo más duro de salvar había sido masacrado bajo los árboles de sal. Fuera, en el pasillo principal del templo, sentía varios cosmos. Los que fueran sus compañeros, sus camaradas, sus pares.

¿Alguno lloraría si él caía? No tenía amigos, como Camus. No tenía rivales en el poder, como Saga.

El era, simplemente, el último de los caballeros de la Casa de Capricornio. Y estaba preparado para morir de nuevo.

Como siempre lo había estado.




¿Quién eres?
El más devoto a Atenea

Hacía más de trece años que se había alineado con Saga en el Santuario. Más de trece años que eligió entre la amistad y el deber. Entre Aiolos y Atenea. ¿Estuvo ciego en el desempeño de su tarea? No. Era la propia Atenea la que lo cegó, presentándose ante él, en forma de niña. Con su tierno rostro, sus pasitos y sus balbuceos, mirando el acantilado por donde Aiolos había caído, el español no pudo rematarla, como el Patriarca le había ordenado.




¿Por qué luchas?
Por la Justicia

Y en ese momento, la Justicia dejó de ser justa. Pero continuaba ciega, con un paño de Soberbia custodiándole los ojos de la Razón. Durante trece años fue violada pulcra y sistemáticamente, y Capricornio, blandiendo la espada de la representaba, era su más obstinado verdugo.

Porque no hay peor ciego que el que no desea ver.




¿Cuál es tu nombre?
Mi nombre... mi nombre... mi nombre...

Muchas veces contempló el cuadro en su templo: el general griego recibiendo la espada de manos de la propia diosa, y deseó ser aquel individuo para poder estar enfrente de la mujer que veneraba sin duda en su corazón. Él, el más devoto de los doce, comprendiendo ahora que había desperdiciado la mitad de su vida siendo la marioneta de un compañero en plena enajenación mental, quería tener un último gesto para sus iguales, e inmolarse por ellos.

Porque la Piedad y la Compasión no están reñidas con la Justicia.




¿Por qué luchas?
¡Por Atenea!

Dos veces realizó la técnica prohibida. Dos veces utilizó su técnica mortal para enfrentarse a su destino. Dos veces se la concedió al Dragón Esmeralda. Dos veces amó a la diosa de tal manera que murió por ella. La primera, redimiéndose al final de su vida. La segunda, enfrentándose al tiempo y al destino, desvaneciéndose al lado de sus dos compañeros.

Dos veces el Dragón le acompañó, y dos veces sintió la calidez de la admiración y las lágrimas sobre su propia piel.

Por dos veces, fue humano. Por dos veces, fue redimido.




¿Cuál es tu nombre?
¿Mi nombre?

Shura. Caballero dorado del Signo de Capricornio. El más devoto a Atenea.
El penúltimo portador de la espada de la Justicia.
El penúltimo portador...
... de Excalibur.

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